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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UNA DELEGACIÓN DE LA CIUDAD DE DUBROVNIK
Jueves 29 de abril de 2004
Venerado hermano en el episcopado;
señora alcaldesa; queridos hermanos y hermanas:
1. Os acojo con gran alegría. ¡Bienvenidos!
Vuestra visita tiene como finalidad la entrega del documento relativo a la ciudadanía honoraria, que la ciudad de Dubrovnik ha querido conferirme para confirmar los vínculos profundos y pluriseculares que la unen a los Papas y para recordar la visita pastoral que tuve la alegría de realizar el 6 de junio del año pasado. Recuerdo aún con emoción los diversos momentos de esa peregrinación apostólica, durante la cual, precisamente en Dubrovnik, proclamé beata a una ilustre hija de Croacia: María de Jesús Crucificado Petkovic, originaria de Blato, en Korcula.
2. Recuerdo que, al final de la santa misa celebrada en esa ocasión, di las gracias en especial a esa amada ciudad. Renuevo también ahora mi profundo agradecimiento por la cordialísima hospitalidad.
También me siento agradecido y me alegra que me hayáis querido contar entre los ciudadanos de la antigua y hermosa Dubrovnik, auténtica perla del Adriático croata, centro de cultura milenaria impregnada de fe católica y caracterizada por una constante fidelidad a los Sucesores de Pedro, incluso en tiempos muy difíciles. Ojalá que ese patrimonio cultural y religioso se desarrolle y crezca también en el futuro, dando abundantes frutos en beneficio de la misma Dubrovnik y de toda la nación croata.
3. Que la santísima Madre de Dios, invocada como Virgen del gran voto bautismal croata, san José y san Blas velen sobre los habitantes de Dubrovnik y sobre los del condado de Dubrovnik-Neretva, así como sobre todos los croatas.
Dios bendiga a Dubrovnik, desde hoy también mi ciudad, y a toda la tierra croata.
¡Alabados sean Jesús y María!
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